Eligiendo a un perro como amigalito

En este mundo urbano en el que vivimos, la atracción del humano por tratar de emular la naturaleza en nuestras viviendas hace que tengamos plantas en nuestra sala,
árboles en nuestro patio y adoptemos animales domésticos.
Está en nuestros genes la interdependencia con otras especies. Todo ser vivo que traigamos a nuestras vidas es una responsabilidad adquirida que necesita espacio, dedicación y cuidado.
Cada persona es afín a una especie en particular y, por eso, existen preferencias individuales por las cuales optamos. Algunos prefieren las plantas, otros los hámsters, gatos, perros, aves, abejas, hormigas, arañas, iguanas, tortugas, serpientes, peces; hay quienes quisieran tener todo un zoológico en casa… En fin, siempre existe “un roto para un descosido”, en lo que a animales domésticos se refiere. La elección de una mascota depende mucho de la personalidad de cada uno, de las actividades que realice, del tamaño de la casa: existen muchas consideraciones a tomar.
En el caso de optar por un perro, hay algunos aspectos de importancia que debemos tener en cuenta antes de elegir traerlo a casa.
Tener un perro en casa es distinto que comprar un sofá, un cuadro, un pez o una planta. Un perro necesita espacio, alimentación adecuada, ejercicio, cuidado, servicio veterinario, tiempo, disciplina y mucho cariño. Sería irresponsable traer a nuestras vidas a un perro si no se cumplen todas las condiciones anteriores.
Dependiendo de la raza, el “matrimonio” humano/perro es de largo plazo; vamos a tener que convivir con el animal durante toda su vida: eso puede significar entre 10 y 15 años.
Muchas personas adquieren perros para tenerlos confinados en su jardín, terraza, amarrados o encadenados todo el tiempo, sin ejercicio, vacunas, cuidado y el tiempo que, por obligación, se le debe dar al animal al adquirir el compromiso de adoptarlo.
Los perros son animales sociales que viven en comunidades jerárquicas; desprenderlos de una interdependencia del humano para mantenerlos en confinamiento conlleva a que, mentalmente, se desquicien y saquen a flote un lado problemático que nadie desea.
Elegir la convivencia con un perro –y, en general, con cualquier amigalito– es una responsabilidad y un compromiso entre una persona y un animal que entrega su devoción y fidelidad por siempre e incondicionalmente. No importa si eres bueno o malo en tu trabajo, buen tipo o indeseable, religioso o ateo, inteligente o de lento aprendizaje, de capacidades especiales o una persona inmejorable, para tu perro siempre serás lo mejor que existe y te querrá como a nadie. Serás su líder y su amo.
Al considerar compartir tu vida con un perro, piensa lo que el animal necesita: amar es más dar que recibir.
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Acerca de Wladimir

Wladimir Es psicólogo y terapeuta canino con estudios en nutrición animal, zootecnia y agropecuaria en general. Es amante de los animales y tiene experiencia en el manejo de perros.